Este post está relacionado con algunos de los errores más comunes en el gimnasio, pero no referidos a la técnica de ejecución de diversos ejercicios sino más bien a la errónea interpretación de conceptos o al mal uso de la información circulante. Estos son, repito, sólo algunos de los errores más comunes con los que me encuentro en mi profesión diaria como entrenador personal.

A continuación explicaré de forma muy breve cuáles son y cómo nos pueden perjudicar en los objetivos que estemos persiguiendo o el impacto negativo que pueden tener en nuestra salud:

1) No calentar.

El calentamiento representa la preparación del cuerpo para la acción. Nos ayuda a “encender” todos los sistemas intervinientes en el ejercicio físico, pero sobre todo los sistemas de “lubricación” articular. Calentando no sólo prepararemos nuestro cuerpo para que rinda mejor en la parte principal del entrenamiento, sino que además será muy útil en cuanto a evitar lesiones. Sin duda calentar hará que te lesiones menos. No fue hace mucho que yo mismo sufrí una lesión en el pectoral por no haber realizado un correcto calentamiento, realicé movimientos con altas cargas y tuve una rotura considerable que aún hoy me ha dejado secuelas. Intenta calentar al menos 8-10 minutos con diversos movimientos articulares y ejercicios que eleven un poco tu frecuencia cardíaca. La intensidad del calentamiento deberá ser, sentido común por medio, más baja que la parte principal del entrenamiento.

2) Realizar una única actividad creyendo que es la mejor.

No son pocas las veces que alguien me dice que no pasa por la sala de musculación porque “ya voy a yoga/spinning/etc./etc.”. Precisamente porque nuestro organismo es muy complejo, posee varios sistemas energéticos y varios tipos de fibras musculares le vendrá bien que le des diferentes estímulos para que produzca distintas adaptaciones. Además, está más que demostrado el efecto beneficioso que tiene sobre una actividad el hecho de practicar otras actividades totalmente diferentes. Te recomiendo que no te estanques sólo en una cosa: varía. Realiza diversas clases colectivas, entrena con pesos libres, con máquinas, con el peso de tu propio cuerpo y practica deportes al aire libre. Personalmente creo que de verdad somos una conexión muy precisa entre el cuerpo y la mente, así que también te recomiendo que practiques relajación o meditación.

3) No maximizar los resultados a través de la alimentación.

Aún hoy mucha de la gente que va al gimnasio o que practica actividades al aire libre -como por ejemplo el running- no tiene en cuenta la nutrición. Aportar al organismo los nutrientes necesarios para el buen rendimiento y la recuperación o recortar fuentes desfavorables para obtener mejoras estéticas todavía sigue siendo una asignatura pendiente para muchos. Te recomiendo que te pongas en manos de un nutricionista o de algún entrenador con conocimientos sobre nutrición para mejorar este tema, o que al menos leas artículos que te aporten conocimientos y sepas qué alimentos son mejores y en qué momento ingerirlos.

4) No descansar lo suficiente y creer que más es mejor / sobreentrenar.

Los programas de entrenamiento se desarrollan en torno a “dosis” de ejercicio, la cual variará de acuerdo al volúmen (cantidad de ejercicios o tiempo utilizado) y a la intensidad aplicada. Al igual que un medicamento, el ejercicio físico produce adaptaciones positivas cuando dicha dosis es adecuada o bastante adecuada. El creer que cuanto más ejercicio hagas será mejor para tu objetivo equivale a creer que tomando más dosis de un medicamento de la que debes te curará antes. El típico ejemplo puede ser el de la persona que sale a correr creyendo que cuanto más lejos llegue en cada salida significa que ha mejorado. Te recomiendo que preguntes a un profesional del ejercicio qué dosis necesitas para los objetivos que estés persiguiendo y respetes su recomendación.

5) Utilizar pesos muy elevados sin tener una adecuada condición física o sin dominar la técnica de ejecución de un ejercicio.

Hay que tener en cuenta que para controlar determinadas cargas y no perjudicar nuestra salud se requiere un tiempo de experiencia y unas adaptaciones mínimas. Intentar levantar elevadas cargas sin haber pasado por una etapa de adaptación previa supondrá un incremento considerable de riesgo de lesión muscular, tendinosa o ligamentosa. También el querer levantar mucho peso sin tener asimilada la técnica de un ejercicio va a suponer una coordinación y una colaboración entre muchos músculos que todavía no está grabada en el sistema nervioso. Como consecuencia, la sucesiva contracción de músculos no será armónica, el movimiento perderá fluidez y nuevamente seremos más susceptibles a sufrir lesiones. Esto es peor aún si los movimientos requieren potencia (movimientos muy rápidos). Te sugiero que asimiles y practiques bien la técnica de los ejercicios antes que pasar a un nivel superior de cargas.

6) Utilizar pesos muy por debajo del umbral de adaptación.

En el apartado nº5 comenté los riesgos de utilizar cargas elevadas. Aquí ocurre lo contrario, tomando como un error conceptual absoluto el querer adaptarse a un estímulo que ha sido insuficiente. Si no estresamos nuestro organismo no será necesario adaptarse, en otras palabras: no será posible mejorar. El entrenamiento básicamente se puede traducir en un agente estresor atacando un organismo para que éste se adapte positivamente y esté “más preparado” (más fuerte) para el siguiente ataque del estresor. Así mejoramos. Por lo tanto, ir al gimnasio a pasear o hablar no parece ser una buena opción si quieres mejorar.

7) Creer que trabajar mucho una zona reducirá grasa localizada.

Aunque este postulado va perdiendo vigencia de a poco, todavía es muy repetido en el mundo de los gimnasios. Trabajar mucho una zona no repercutirá para nada en el descenso de grasa localizada. Aquí tienes un buen dato: hacer clases de abdominales pensando en que así reducirás el abdomen y definirás los abdominales es absurdo. Lo mismo ocurre con los brazos, glúteos o todas las zonas corporales.

8) No oír lo que tu cuerpo te dice.

Más allá de lo que puedan decir las teorías, los grandes maestros o incluso yo mismo te recomiendo algo: escucha tu cuerpo. Mis 12 años de experiencia en el mundo del fitness me han enseñado muchas cosas y ésta es una de ellas. Tu cuerpo está constantemente enviándote mensajes, señales y ofreciéndote sensaciones. Si sientes que no estás con toda la energía del mundo entrena menos. Si crees que una actividad no es la más adecuada para ti no la hagas, por más que el gurú de turno o la moda te digan que es lo que toca.

9) Dar a los demás o tomar como válidos consejos de practicantes de fitness por algo que les ha funcionado.

Éste puede que sea el que más nervioso me pone. Está repleto de “enterados” en el mundo del fitness que se atreven a dar consejos porque algo les ha funcionado, porque lo han visto en internet o porque lo han leído en una revista. Los profesionales del ejercicio físico intentamos cada día entender mejor el cuerpo humano y cómo se adapta al ejercicio y a la alimentación, así que te pido que no hagas caso a personas que no tienen ningún tipo de conocimiento en anatomía, fisiología o metodología del entrenamiento.

Pon en práctica los consejos de cada apartado y tus acciones rendirán mucho más y lograrás conquistar tus objetivos.